El METAR y el TAF son los dos informes meteorológicos que más vas a consultar antes de cada vuelo. Parecen un código cifrado la primera vez, pero la estructura es siempre la misma.
METAR: la foto del tiempo ahora mismo
Un METAR describe las condiciones meteorológicas reales en un aeropuerto en el momento en que se emitió (normalmente cada 30 o 60 minutos). Un ejemplo típico: GCXO 291200Z 05012KT 9999 FEW030 22/14 Q1018 NOSIG.
- GCXO 291200Z: aeropuerto y momento de la observación (día 29, 12:00 UTC).
- 05012KT: viento del 050° a 12 nudos.
- 9999: visibilidad de 10 km o más.
- FEW030: pocas nubes a 3.000 pies.
- 22/14: temperatura 22°C, punto de rocío 14°C.
- Q1018: presión QNH de 1018 hectopascales.
- NOSIG: no se esperan cambios significativos a corto plazo.
TAF: la previsión para las próximas horas
El TAF hace lo mismo que el METAR pero mirando hacia adelante, normalmente entre 24 y 30 horas, dividido en periodos si se esperan cambios. Es lo que consultas antes de planificar un vuelo largo: no solo cómo está el tiempo ahora en tu destino, sino cómo va a estar cuando llegues varias horas después.
Lo que de verdad hay que vigilar
- Viento cruzado fuerte: revisa la componente de viento respecto a la pista activa, no solo la velocidad total.
- Visibilidad y techo de nubes bajo: puede obligarte a un procedimiento de aproximación instrumental en vez de visual.
- Grupos de cambio (BECMG, TEMPO) en el TAF: indican que las condiciones van a variar durante tu ventana de vuelo, no que se mantendrán fijas.
Por qué merece la pena acostumbrarse a leerlo en crudo
Las apps y los simuladores ya traducen el METAR a un icono bonito de "despejado" o "lluvia", pero apoyarte solo en eso te deja ciego ante matices importantes: un viento cruzado al límite, un techo de nubes que roza tus mínimos, una tendencia de empeoramiento. Leer el código en crudo, aunque al principio cueste, es lo que te permite tomar la decisión de planificación tú, no el icono.